La mañana se estiraba perezosamente sobre el horizonte, inundando la oficina de Blair con una luz dorada que reflejaba en las pulidas superficies de cristal y metal. Las sombras de los edificios vecinos danzaban en los ventanales, creando un patrón inquietante que se extendía sobre el suelo de mármol blanco.
Blair estaba sentada al borde de su asiento, los ojos oscuros y concentrados, mientras sus dedos trazaban con precisión los últimos detalles en los planos que iba a presentar. Había una int