Andrea se mira al espejo, sonríe al ver el hermoso vestido azul que Ian ha comprado para ella, en donde su pancita queda libre y se ve preciosa. Él la abraza por detrás, le deja un beso en el cuello y la mira a través del reflejo.
—Mis mujeres se ven realmente hermosas… —le acaricia el vientre, su niña le patea la mano y se ríe—. Eulalia está feliz, sabe que hoy es su festejo.
—¡Deja de decirle así! —se ríe Andrea y se da la vuelta para verlo a los ojos—. Mi hija no tendrá un nombre de esos que