Cuando terminan de darse amor, Andrea va a la ducha en los brazos de su esposo, Ian la baña con cuidado y le dice que irán a la cita con la obstetra.
—¿No la perdimos ya?
—Sí, pero tu esposo tiene algunos contactos. Vamos a la cita y luego a cenar, ¿qué te parece?
—Me gusta… necesito despejarme un poco.
Y por supuesto que él se encarga de todo para que su mujer olvide lo que le ha pasado. Pero también, se asegura con esa cita que la revisen para saber si el estrés le ha afectado a los dos.
Aunque la hora se ha pasado un poco, una llamada de él basta para que los atiendan con sonrisas y pastelitos. En la sala de espera, Andrea lee los afiches que están en el pasillo y se imagina a Ian con ella en la sala de parto, más nervioso que ella.
La doctora sale para atenderlos y le hace las preguntas de rutina, antes de pasar al ecógrafo para ver el estado del bebé. Ian, por supuesto, le cuenta lo que le pasó por la tarde y la doctora asiente.
—Veremos ahora mismo cómo está este pequeño… o pequ