Un mes después.
El calor de junio comenzaba a hacerse insoportable para mi. Las ventanas de la casa estaban abiertas, y aun así, sentía que el aire no circulaba, quizá por todo el sentimiento de asfixia que cargaba en mi cuerpo desde semanas atras.
En el fondo, sonaba una de las canciones de Harding. Una de esas que nunca llegó a vender, que solo existía en su libreta desordenada y en la forma en que su voz quebrada las hacía eternas, las notas flotaban en el ambiente de tensión mientras lo