Punto de Vista de Elara
La carnicería era un caos.
Los hombres de Diego Vane eran todo puños y rabia, los trabajadores eran todo miedo y extremidades agitadas, y el carnicero... bueno, todavía estaba de rodillas, temblando tan violentamente que parecía un pollo que había perdido la cabeza pero aún no se había dado cuenta.
Y luego vino el decreto final de mi padre.
—Llévenselo —ordenó con una voz tan fría como el acero.
El carnicero gimió. De hecho, gimió, como un perro pateado. Sus brazos se ag