Punto de Vista de Luis
Sonreí de oreja a oreja con timidez.
—Elara Vane —repetí, probando el nombre en mi lengua.
Le sentaba bien. Suave, delicado. Un nombre destinado a ser susurrado.
El nombre bailó en mi lengua como una oración que nunca había aprendido a decir.
Elara Vane.
Oh, por el diablo, ella era real. Justo delante de mí. Hablándome. Mirándome con esos grandes ojos conmovedores que pertenecían a alguien que no tenía idea de lo peligroso que era yo.
Y maldita sea, me sentía vivo.