Marcelo:
Por el espejo retrovisor vi como la figura de Sofía se hacía más y más pequeña. Seguí conduciendo procesando aún las cosas que me acababa de decir. Fui un completo idiota. Para una vez que decidía arriesgarme con una mujer, después de todo lo que había sucedido, y terminaba sucediendo eso.
Lo peor de sanar una herida del corazón es que, al menor descuido, la herida se abre y duele tanto como antes. Justo eso acababa de experimentar. No fue fácil contarle todo lo ocurrido con mi hijo