La luz del sol se filtraba a través de las pesadas cortinas del dormitorio de Ronan, proyectando cálidos patrones sobre las arrugadas sábanas negras. Aurelia se removió lentamente, con el cuerpo pesado por ese tipo de profunda satisfacción que solo llegaba después de horas de intenso placer. Parpadeó contra la luminosidad, dándose cuenta de que llevaba puesta una de las camisas negras oversized de Ronan. La tela le llegaba a mitad del muslo como un vestido corto, impregnada de su aroma: boscoso