Jadeo contra algo firme que de seguro no es la almohada, me remuevo y siento la incomodidad causar réplicas de dolor en mi cuello y en la espalda.
Pestañeo, suelto una bocanada de aire y me concentro en las próximas imágenes.
Estoy sobre el pecho firme de Ricardo, dormí así toda la noche y con razón no aguanto la tortícolis.
Con cuidado me quedo a horcajadas, reparo los surcos de su abdomen, cada músculo en completa relajación. Echo un vistazo a mi alrededor, a los pies de la cama está Rocky.