Capítulo 58. Confesión.
Sebastián se quedó observando a Bruno con atención, no es que creyera que Enzo era un santo, desde que lo conoció sabía que el hombre no era una mansa paloma, pero se había dado cuenta de que no torturaba o mataba a la ligera, tenía conciencia de lo que hacía y cuando accionaba en contra de alguien es porque había una razón válida para hacerlo y no lo hacía por capricho, por eso no lo creía capaz de haber provocado el atentado donde murieron las esposas de los gemelos.
—Sebastián Ferrari, despu