Capítulo 16.
Logan.
—¿No debía estar con la señorita Sterling? —Paso de largo. No tengo tiempo para preguntas pendejas de Ortega.
Si me ve aquí, que saque sus propias conclusiones. La gente tan idiota no es.
Cierro la puerta de mi oficina con un solo golpe y me quito la campera que lanzo al escritorio. La camisa está arruinada, una mancha roja brillante que apenas se disimula por lo oscuro de la tela. Al levantarla, el dolor me hace apretar la mandíbula.
Que sepa cómo lidiar con las heridas no me ha