81. La nota I
Lilian Caballero
Regresé al consultorio después de que Ana se fue. No podía dejar de pensar en Ana. Me preocupaba verla tan rota después de lo feliz que había estado apenas unas horas antes. Siempre había sido una mujer buena, generosa, tan fuerte por fuera, pero tan frágil por dentro. No merecía sufrir así.
Me dejé caer en el sillón detrás del escritorio. Últimamente, pasaba más tiempo aquí, en mi oficina de dirección, que en el consultorio. Suspiré y tomé el teléfono para pedirle a mi asisten