Capítulo 57.
Sofía
La agitación no me permite coordinar mis pensamientos. La cabeza me lanza imágenes que sólo perturban más y el pecho sólo se me mueve al ritmo que mi mente arroja el nombre de Kilian.
Con el pecho ardiendo me lanzo del vehículo al segundo de frenar sin ningún cuidado, todos me apuntan cuando me ven, pero ninguno se va a atrever a disparar sin una orden. Orden que no llegará, porque sé que no la darán.
Camino hasta la puerta con las piernas temblando y los cañones de sus armas en mi cara.