Capítulo 31.
Sofía.
Mi corazón late desbocado. Mi piel se siente congelada y mis vellos se erizan con percibir los pasos que me siguen a poca distancia. Su sola fragancia me reitera que no debo estar aquí.
Él no me cree. No sé ni para qué demonios quiere hacer esto. Debería olvidarme del trato, porque el pasado no le interesa para perdonar, lo hace sólo para estudiarme y soy tan idiota que le doy gusto.
Pero también es algo que me ahoga. Necesito sacarlo, aún con el tipo más insensible que he conocido. T