A mano de una mujer

Mi hombro aún dolía, pero no podía negarme a lo que estaba en frente de mí, me acerqué al rey y tomando la espada en mis manos, me incliné para dedicarle unas últimas palabras a ese hombre.

—Mi padre me decía: «El peor enemigo de una persona es ella misma, porque cuando se embriaga de soberbia y orgullo, hace hasta lo imposible por destruir todo a su alrededor, sin embargo termina destruyéndose, quedando solo y

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