La mañana en Del Valle Corporation había comenzado con su ritmo habitual de actividad frenética. Empleados yendo y viniendo, teléfonos sonando, tecleos incesantes. Pero en el ambiente flotaba una tensión que solo unos pocos podían percibir.
Elías había pasado la noche en vela, procesando la información, mirando una y otra vez la fotografía de Gabriela entrando al apartamento de Raúl. Su primo. Su propia sangre, confabulado con la mujer que quería destruir a Luciano. El dolor era una daga en el