La noche había profundizado su silencio sobre la mansión López, un silencio que para Luciano era un campo minado de alerta. Después de la llamada con Bianca, una calma precaria se había instalado en él. Había revisado los informes de Sotelo (nada concluyente aún), había mirado a Mateo dormir (tranquilo, por ahora) y finalmente se había retirado a su dormitorio, derrotado por un cansancio que era más mental que físico.
No se durmió de inmediato. Yació en la oscuridad, escuchando los sonidos de l