Durante el camino de regreso al hotel, intenté tranquilizarme, pero no lo lograba. No solo era Gabriel, el alcohol me hizo revivir todo lo que ocurrió con mis padres y mi sufrimiento. El odio que siento hacia mí misma por ser una traidora y amar a quien debo odiar.
Me siento el ser más despreciable de este universo, no merezco el perdón de Dios, ni de nadie, no valgo absolutamente nada.
En pocos minutos llegamos al hotel y él me ayudó a bajar del carro.
—¿Quieres agua? —me ofreció Vera mientras