Hace varias horas que me encuentro en una casa alejada. No sé dónde estamos, solo sé que mi propia madre me ha secuestrado y desea matarme. La situación es surrealista, una pesadilla de la que no puedo despertar.
No pude evitar llorar cuando me pegó una bofetada. El dolor físico se mezclaba con el dolor emocional de la traición. Me llevé la mano a la mejilla adolorida, sintiendo el ardor de su golpe.
— Deja de llorar, Alba. Esto es por tu propio bien —dijo con frialdad, su mirada carente de