La joven loba despertó entre los brazos de Dantes. A pesar de que el aire acondicionado refrescaba la lujosa habitación de la mansión Marchetti, Lirio sentía el calor abrumador de su compañero. Se removió, intentando zafarse de su agarre, provocando que el príncipe soltara un leve gruñido.
—Un rato más —masculló, enterrando su rostro en el cuello de Lirio. Ella se quedó quieta hasta sentir la suave caricia de Dantes en su vientre—. ¿Qué hora es? —preguntó con voz grave.
Lirio miró rápidamente e