Alina
El silencio de la noche es opresivo. Cada sombra en la habitación parece vibrar con una energía oscura, una tensión casi palpable. Damon se ha quedado despierto, sentado cerca de la ventana. Sus ojos dorados fijan la claridad donde Ezra ha desaparecido, y la luz de la luna dibuja sombras afiladas en su rostro.
Estoy sentada en la cama, el corazón aún latiendo. Mis dedos rozan la cicatriz en mi muñeca, donde el vínculo con Ezra pulsa débilmente bajo mi piel.
— ¿No puedes dormir? murmura Da