Evie estaba fuera de peligro, había despertado a mitad de la noche.
Al día siguiente, cuando Adam pudo visitarla, la joven ya podía respirar por sí sola y tenía un rostro tranquilo, como si disfrutara de un placentero sueño.
De esta forma la recuperación de Evie era lenta, pero segura. Adam no se despegaba de ella ni un instante, estaba atento a cualquier por menor.
Cuando la pasaron a una habitación, se pasaba todo el día sentado en un sillón, leyendo tranquilamente las cartas que Evie le habí