Adam se acercó a Davison con paso demandante.
—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó con tono despectivo.
—Voy a visitar a una amiga que no se encuentra bien de salud —respondió Davison.
Adam soltó una risa llena de sarcasmo.
—Así que ahora consideras a Evie una amiga —dijo Adam y colocó sus brazos en la cintura, dejó salir un suspiro—. Me sorprende que tengas el coraje de aparecerte por aquí. Después de tantos años aún sigues siendo una molestia en la vida de Evie. —Adam no hablaba, gruñía—