Mi corazón se detuvo y estuve a punto de vomitarlo por la impresión.
—¿Cuál verdad? —pregunté, tanteando el terreno.
—Evie, ya lo sé todo —confesó.
Mierda, mierda, mierda…
—¿A qué te refieres? —insistí, ahora nerviosa.
—Ya sé que pagaste la deuda del banco —informó—. Ya en el banco me lo dijeron. ¿Por qué me lo ocultaste todos estos meses?
Aunque no se tratara de mi relación con Adam o el embarazo, lo que me estaba confesando seguía siendo un grave problema.
—¿De dónde sacaste el dinero? ¿Hicis