Evie sintió que los minutos pasaron lentos. El reloj suspendido en la pared del pasillo del segundo piso dejaba salir su tictac como un karma para la joven. El silencio es demasiado cruel cuando una persona tiene cargo de conciencia.
Las palabras “creí… que entre tú y yo no había secretos” la atormentaban en gran manera. Adam no fue capaz de dirigirle la palabra en el transcurso del día. En la noche se marchó sin decirle a dónde iba, aunque Evie pudo ver que se llevó el bolso que usaba para ir