Abrir los ojos y verme en mi realidad me hizo sentir extraña. Por un momento creí que había estado muerta, que me encontraba en aquel mar. Pero estaba ahí, en la mansión, estaba casada con Adam Sanders y tenía un hijo.
Era el primer día del año.
Cerré los ojos por un instante, deseando volver a dormir. La depresión había vuelto a abrazarme. Quería dormir y no despertar nunca.
La puerta de la habitación se abrió y escuché la voz de Natalie.
—Evie, despierta, necesitas salir de esa cama —me dijo,