La mañana llegó demasiado rápido. Eliana apenas había dormido, dando vueltas en la cama, repasando la despedida que la esperaba. Aunque Isaac le había asegurado que no era nada grave, que todo se solucionaría y que volvería pronto, algo dentro de ella se negaba a creerlo del todo.
El sonido del cantar de los pájaros la sacaron de sus pensamientos. Se subió al auto y condujo en silencio hasta el aeropuerto. Isaac estaba a su lado, con su mochila sobre las piernas y la mirada fija en la carretera