El teléfono vibró con insistencia sobre la mesa del despacho. José Manuel, que apenas había conciliado el sueño la noche anterior, lo tomó con rapidez, sin imaginar que esa llamada sería el inicio de una revelación devastadora.
—¿Sí? —respondió con voz tensa.
—Señor José Manuel, ya tenemos las grabaciones. Acaban de ser enviadas a su correo personal. El audio es claro. Debería escucharlas cuanto antes.
El corazón le dio un vuelco. A pesar de estar esperando pruebas concretas desde hacía días, n