Voy contigo.
El nombre de Noah le explotó a Amanda en el pecho como un disparo.
El pánico le invadió el sistema completo, de esos que no te dejan pensar ni respirar bien, de esos que te paralizan un segundo porque tu cerebro se niega a aceptar la idea de que algo malo le pudo pasar a tu hijo.
—¿Qué le pasó...?
—¿Qué pasa? —preguntó Ethan, y Amanda sintió su mano en la espalda, como si ese roce pudiera sostenerla.