La mansión recuperó su ritmo con la lentitud de un barco que vuelve a puerto después de una tormenta.
Los primeros días después del alta hospitalaria transcurrieron en una calma que no me atrevía a romper. Me levantaba tarde, desayunaba en la cama, pasaba las horas leyendo o mirando el jardín desde la ventana. Sebastián no se separó de mí ni un momento. Cuando no estaba en la habitación, estaba en el despacho, pero siempre con la puerta entreabierta, como si necesitara asegurarse de que yo segu