un día de primavera, cuando el sol brillaba y el bosque estaba lleno de flores. Sol tenía cinco años y Luna tenía un año. Estábamos en el patio de la casa vieja, junto a la rosa blanca que había sido la señal de la llegada de Sol, y la rosa roja que Sol había plantado cuando era pequeño — ambas estaban en plena floración, una blanca y una roja, igual que las flores que le dije a Liam hace tantos años.
Sol estaba enseñando a Luna a caminar — Luna se paraba, se balanceaba, y daba un par de pasos