—¿Dónde demonios estás, Ameline? —preguntó Seth, mordiéndose el labio con fuerza.
Ya estaba comenzando a preocuparse, ella había desaparecido de un momento a otro, y nadie la había visto desde hace tiempo…
No podría haber escapado, todas las posibles salidas estaban vigiladas por hombres muy capaces, pero entonces… ¿dónde estaba? ¿Dónde se escondía?
Seth maldijo por lo bajo a Mindy, pero también se maldijo a sí mismo y hasta con más odio, porque no debió dejarse ni abrazar ni besar, por m