Luego de terminar su paseo, Ameline volvió a su cuarto cuando solo faltaban un par de horas para el anochecer.
—Maldición —murmuró para sí misma mientras daba vueltas en su cama—. ¿Qué hago?... ¿Lo dejó pasar o me encierro para que no entré? —Se mordió el labio con fuerza.
Estaba indecisa entre su odio el placer que la hizo temblar antes.
Claramente no iba a dejar de odiarlo, pero ceder a la tentación sonaba demasiado agradable, y no dejaba de decirse que no le haría daño al menos usarlo par