"Ameline, por fin volveré a verte" pensó Seth, sentado en el lujoso interior de su avión privado, el zumbido de los motores llenando el aire.
La ciudad a la que regresaba se acercaba rápidamente, y con ella, la promesa de obtener la cabeza de Bianca y recuperar el reloj, pero si te todo el deseo ardiente de volver a ver a Ameline.
Frente a él, Tucker revisaba unos documentos, mientras Marco, su otro hombre de confianza, discutía algo en voz baja con los demás hombres sentados en los asientos