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Las semanas pasaron como el agua.
Nate me había enamorado por completo, ya que no solo había cambiado la casa en donde estaríamos viviendo, sino que también había cambiado los ideales que su madre, tenía para nuestra boda. Este día tenía el día libre, así que me quede en casa, junto con la madre de Nate, para poder ver los últimos toques de la boda.
–¿Estás segura que quieres que la boda sea en nuestra vieja casa, en los Hamptons? –Me pregunta la mujer rubia y de ojos azules, mientras que