Capítulo 99.

Mientras manejaba, a la mente de Adalia llegaban sin que bajo su poder estuviese la capacidad de evitarlo, palabras de Derek, ni siquiera tenían ningún sentido, eran susurros, como una avalancha de frases por completo incoherentes, en su mayoría incomprensibles, frases incompletas, pero que pese a eso tenían el poder de herirla como una daga incrustada en lo más profundo de su pecho, eran tantas que se sentía incluso mareada, mareada a causa del dolor que unos simples recuerdos podían en ella

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