Capítulo 60.

Quitó sus enormes manos del demacrado cuello de la muchacha, la soltó mientras esta tosía con mucha aspereza y recobraba el aire que sus pulmones chillaban por tener, le tomaría unos buenos minutos recomponerse del todo. 

Él se paró de encima de ella, y como la enclenque muñeca en la que él la había convertido, la jaló del suelo, parándola y sentándola sobre la cama con mucha facilidad. 

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