Capítulo 48.

El cielo estaba velado por hermosas estrellas, distribuidas en gran cantidad; algo muy fuera de lo común en esos tiempos, usualmente la apariencia de este era una muy oscura y vacía, casi cruzando a la línea de lo sombrío, como si cada estrella hubiese, repentinamente muerto.

El estado de silencio en el que se hallaba la habitación en aquellos instantes era tal, que se podía con facilidad escuchar el andar de una hormiga.

Las manos de Derek acariciaba

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