Estefanía se sentó en el sofá sin poder controlar su ansiedad.
Su pie derecho golpeaba insistentemente contra el piso, mientras observaba la hora en su teléfono.
Diez y media de la noche.
Su esposo todavía no llegaba.
¿Estaba con esa mujer? ¿Se habían ido al nidito de amor que le había comprado?
No quería ser esto: un manojo de rabia y celos, pero no podía controlarse. Odiaba la sensación. Odiaba recordar la cara de triunfo de esa mujer y todo lo que le había dicho.
Había recibido un solo mensa