63. Nada debía ser casualidad
Nathaniel no tenía ni idea de qué hacía su madre en en la gala y mucho menos acompañada de ese imbécil, sin embargo estaba a punto de descubrirlo, porque ambos caminaban directo hacia donde Maggie, Dan y él se encontraban.
Por instinto se agachó y tomó al pequeño niño en brazos para evitar que el mamarracho andante que dice ser el padre pudiera acercarse.
—Nathe…—La voz de la chiquilla dejaba en evidencia los nervios que sentía y no era para menos, pues ellos estaban en pleno pleito legal.
—T