52. Me estás chantajeando
No, no, no… Eso no podía estarle pasando.
Nathaniel sentía que iba a vomitar, eso no debía ocurrir, ella no tenía que escucharlo, mucho menos después de todo lo que había pasado en la noche y la madrugada de ese día, cuando se entregaron de la manera en que lo hicieron.
Por unos segundos no pudo hacer más nada que ver a la chiquilla caminar a paso apresurado hacía el pasillo de las habitaciones, hasta que sintió que lo empujaron con fuerza del hombro .
—¿Qué demonios estás esperando?— le pregunt