27. Eres mía
El edificio era increíblemente lujoso, tanto así que incluso su hijo no había dejado de mirar con sus ojitos muy abiertos todo a su alrededor.
Nathaniel los guió hacia un ascensor super extraño que se abría con una tarjeta, y una vez dentro, su impresión sólo incrementó cuando las puertas metálicas se abrieron directamente dentro de un inmenso apartamento.
—Bienvenidos a mi hogar— dijo el castaño en el momento en que pusieron un pie dentro.
Maggie debía admitir que estaba un poco confundida,