Si me lo perdiera, Nicolás sin duda tomaría el brazalete y haría sus propios planes. Me excluiría, dándome alguna excusa sobre la protección mientras se lanzaba a sí mismo al mismo peligro que yo me enfrentaba.
No podía dejar que hiciera eso.
Así que enlacé mi brazo con el de Julián y dejé que me llevara a la sala de estar donde Nicolás y Verónica estaban esperando. Cuando Julián y yo entramos, Nicolás miró fijamente donde el brazo de Julián sostenía el mío. Por reflejo, retiré mi brazo de