Elva jadeó. “¿Cómo hiciste eso?”.
Julián se rió. “Juego de manos, querida. ¿Te gustaría aprender?”. En un instante, la moneda volvió a estar en su mano. Se lo tendió a Elva, quien lo aceptó con avidez.
“¡Sí!”, dijo emocionada.
“No”, dije un segundo después.
Elva volvió sus ojos hacia mí. “¡Mami, por favor!”.
Puse mi mano en mis caderas. “Julián. No dejaré que le enseñes estos malos trucos a Elva”.
“Ningún truco en sí es malo, Piper. Sólo depende de cómo lo usas”. Me guiñó un oj