“¿Piper?”. Julián estaba esperando mi pregunta.
“Bueno”. Me preparé con una inhalación profunda. Luego, pregunté: “¿Por qué usted y el príncipe Nicolás nunca parecen llevarse bien?”.
La sonrisa de Julián ni siquiera se movió, pero aun así sentí que la tensión se filtraba en la habitación. Quizás fue mi culpa. Sabía que estaba haciendo una pregunta capciosa y, con ella flotando ahora en el aire, sentí su verdadero peso.
Casi quería retractarme. Pregunté demasiado, me volví demasiado