Extenuados y envueltos en batas, Sam y Vlad salieron del baño y fueron a la cama. Sam tocó la almohada que ella usaba, con nostalgia.
—No he traído a Elisa aquí, Sam. Mi almohada de la NASA sigue siendo sólo tuya. Yo sí tengo moral, no como otras.
Sam se hizo la loca. Arrepentirse de sus pecados no los borraba y tampoco estaba arrepentida, si se había divertido mucho con Caín. Y estaba soltera, no tenía que darle explicaciones a nadie.
Su mano dejó la almohada y acarició el pecho de Vlad. Le