—¡Te dije que la dejaras a un lado! —le dijo Sam a Caín.
Se agachó para intentar recoger los restos de la guitarra favorita de su ídolo, destrozada por el impacto que una simple pregunta había causado en su dueño.
—Déjala, yo me haré cargo —dijo él, jalándola del brazo.
Ella regresaba de la supuesta salida con la supuesta amiga y empezaba a hacer preguntas de cosas que no tenía por qué saber.
—¿A qué estás jugando, Sam?
—¿Entonces es verdad? ¿El hijo de Ardelia era tuyo? No pudo ser de tu