Las luces se encendieron en el gran salón y Paula deseó que nadie recordara qué número era el que representaban las velas, que había arrancado del pastel nada más apagarlas y escondía a su espalda, aunque nunca faltaba el infeliz que grababa.
Para su fortuna, nadie le prestó atención a las velas ni a ella, eso pasaba cuando en tu fiesta ocurría un espantoso crimen. Frente al hermoso pastel, y ante las miradas de incrédulo horror, la sangre se amontonaba.
—¡Llamen a una ambulancia! —gritó Sofi,