El humo negro del feroz incendio causaba picor de ojos y se pegaba en la garganta al inhalar, haciendo cada vez más difícil el estar allí. La voz de Andy salió entrecortada y menos fuerte de lo que él quería. Aun así, su grito fue desgarrador.
—¡SOFI!
Su carrera hasta el ingreso del edificio en llamas fue frustrada por los bomberos. Se necesitaron tres para detenerlo.
—¡Mi novia está ahí dentro! ¡Tengo que ir por ella!
Si no lo soltaban empezaría a golpearlos. Nadie le impediría que encontrara a