Era la quinta vez que Andy llamaba a Sofi por teléfono.
—El color rojo se te ve muy bien, ¿qué tan escotado es? —preguntó él.
—Tiene un escote profundo, llega casi hasta el ombligo.
—Uff, ya me lo estoy imaginando. Cuidado y te lo hago mucho más profundo.
—Entonces voy a comprar dos, uno para mí y uno para que juegues tú.
—Eres tan lista, amor. Te llamo más tarde, tengo reunión.
Andy colgó, pero su mente seguía ocupada en Sofi y su vestido nuevo. El estrés de tener un supuesto enemigo la había l